Granja de bebés

Me estaba vibrando algo, maldita sea, otra vez me vibra la muñeca, no me termino de acostumbrar a este nuevo teléfono. Sobre la piel se puede ver una llamada entrante.

Es el médico que se encarga de nuestro hijo, lo encargamos hace ya unos seis años, nos decidimos por un niño porque es la ilusión de mi esposa, yo prefería una niña. Me comenta que ya ha pasado a la fase II, le han cargado todos los datos necesarios para que pueda ser un niño autosuficiente, más dos idiomas de serie, siempre pensé que ser bilingüe sería un gran regalo para él, a mi siempre me costaron mucho los idiomas. En su voz noto cierta nota de angustia…

Al hablar de esto, me viene a la memoria el feliz día en que decidimos encargarlo, en la televisión no hacían más que sacar anuncios sobre empresas dedicadas a crear niños a la carta. Era tema de conversación en la oficina, entre amigos… y a nosotros nos hacía ilusión, ahora que teníamos una situación estable y las cosas más o menos claras, era el momento. Nos decidimos, tras buscar información en foros, por la compañía más importante en ese momento en nuestra ciudad. Sus oficinas se encuentran situadas en el centro, es un edificio impresionante, todo transparente. Tiene más de un kilómetro y medio de altura, a mi su forma siempre me ha recordado a un gran falo con el que fecundar el mundo. La oficina a los que nos dirigieron para informarnos sobre el proceso de compra se encontraba situada en la penúltima planta. Subimos en uno de los ascensores exteriores ya que nos hacía ilusión ver nuestra ciudad desde esas alturas como cuando niños nos subíamos a la noria en las fiestas. No nos dio mucho tiempo a sentir vértigo porque al poco con un suave balanceo el ascensor nos depositó en la planta. Al igual que el edificio exteriormente, por dentro era todo diáfano, con un simple vistazo se veía todo lo que ocupaba el piso. Cada oficina estaba delimitada por una suave pared transparente de cristal líquido con un ligero toque beige que daba al interior un toque muy cálido y acogedor. Nuestra oficina era la 523B, dentro nos esperaba el comercial al que nos habían asignado. Era un hombre de mediana edad con una sonrisa perenne en su boca, de trato muy agradable recuerdo.

Sin muchos preámbulos, viendo creo yo nuestra ansiedad e ilusión ante el momento, nos mostró su catálogo virtual de bebés. Les había de todos los tipos y tamaños, bueno tengo que indicar que como todos los catálogos estaba diferenciado por precios. Nosotros teníamos un nivel económico medio, podríamos decir, vaya, que no nos podíamos lanzar a adquirir las gamas más altas. Él lo sabía pues fue lo primero que nos preguntó pero al tener un catálogo tan impresionante de bebés no pudo resistir el mostrarnos los modelos más altos que tenían en ese momento, siempre se puede pedir un préstamo, creo que nos comentó algo así.

Los bebes Premium eran fascinantes, se les veía en el brillo del color de sus ojos la gran calidad del material genético con el que estaban fabricados además de los altos niveles de inteligencia que mostraban en los vídeos que nos fue mostrando. Dentro de esta categoría y porque le habíamos caído bien según nos dijo, nos enseñó la joya de la corona de su empresa.

Los bebés Gold, copias exactas de los famosos del momento, la actriz de éxito, el jugador de fútbol mejor pagado del mundo… Eran una maravilla, y carísimos. Las grandes fortunas del mundo ya les habían encargados varios. El problema estaba en que a parte del precio, estos bebés llevan un número de serie que los identifica y el papeleo para hacer el contrato de adquisición es mucho más complicado y caro también que el de uno normal, sobre todo se hacía para evitar los problemas con las herencias, porque como es evidente a los originales no les hacía mucha gracia tener que repartir su fortuna con más hijos de los que ya tenían, la gran fortuna que les pagaban por su código genético no impedía que fueran tan tontos como de no dejar bien atada ésta cuestión. A nosotros nos hizo pasar el rato, no teníamos tanto dinero. Nosotros queríamos uno normalito, preferíamos invertir más en inteligencia que en belleza, no lo había comentado antes pero los dos baremos más importantes en los que se clasificaban los bebes era el de inteligencia y belleza, nosotros sacrificaríamos el de belleza.

En ese momento se debatía sobre si dar rienda suelta y libertad total a la hora de hacer un bebé, de un lado estaban los que veían una vertiente más artística en la creación y abogaban por incorporar todos los colores disponibles a la gama de piel clásica, si tu color favorito era el azul pues lo pedías en azul, poner escamas iridiscentes en vez de piel, incorporar ojos con miles de variaciones a elegir en el catálogo…, en fin todas las mejoras estéticas que se les ocurrieran. Por otro lado estaban los que podríamos llamar clásicos que no querían ir más allá del catálogo normal de humanos pues creían que se podía perder la esencia humana en cuanto a aspecto físico. Una evolución dentro de otra evolución frente a la evolución natural y sin prisas. Así estaba la cuestión y así sigue estando la batalla, no se que vertiente ganará. Nosotros sólo queríamos uno normal, no podíamos permitirnos más.

Se me ha olvidado comentar sobre los extraños, así se les conoce por su rara forma de actuar. Aún lo hacen al modo natural, forma que funcionó hasta que los avances en reproducción genética revolucionaron la forma de concebir. Este tipo de personas son apartados de la sociedad, son perseguidos por su oposición al avance humano, no están dentro del sistema. Han optado por una forma de reproducción peligrosa, sus embarazos son de riesgo y no entran dentro de lo que es el tratamiento sanitario establecido. Muchas mujeres mueren en la clandestinidad y las que salen adelante dan al mundo bebés ilegales, sin control a ningún nivel. No llevan el chip que nos implantan a todos al nacer. No tienen acceso a todos los beneficios de nuestra sociedad avanzada ni a las mejoras genéticas que nos proporcionan una vida sin prácticamente ninguna enfermedad, no pueden votar mediante algo tan sencillo como un pensamiento por ejemplo, pues no están registrados.

Este chip es muy útil, siempre tenemos controlados nuestros niveles de salud. Bien es verdad que estamos en un nivel básico de salud, para incorporar mayores grados de bienestar hay que pagar por esas mejoras genéticas. Pero el nivel básico no está nada mal, a nivel interno dentro de nuestra cornea, por ejemplo, llevamos de serie un implante que nos permite acoplar a nuestra visión una consola desde la cual gestionar cosas tales como nuestros niveles de azúcar, ver un vídeo, hacer una vídeo llamada…, lo más molesto es la línea interna de comunicación que tenemos, que está muy bien para hablar con tus amigos pero que a veces es un fastidio porque es la misma línea que usa nuestro gobierno para comunicarnos mensajes de interés tanto particular como general. Menos mal que los mensajes del gobierno siempre vienen precedidos del ding dong característico, sino sería un lío.

Hay leyendas urbanas que hablan de la posibilidad de que nos lean también nuestros pensamientos e influyan en nuestro comportamiento haciendo uso de este chip, pero yo prefiero no pensar en ello. He leído algo sobre movimientos que hablan de la vuelta a la tradición clásica, de estudiar filosofía antigua, de aprender a meditar, conceptos que si preguntas a la mayoría no saben ni que significan, lo que buscan estos movimientos es preservar la intimidad de nuestra mente según indican en sus panfletos digitales, no están bien vistos, son excéntricos.

No quiero creerlo, aunque bien es verdad que miedo me da en momentos en los que pienso sobre ello, una especie de pánico me entra ya que considero que nuestro pensamiento es nuestro último reducto de libertad y perder esa intimidad propia sería como perderlo todo, pero gracias al maravilloso chip del que hablaba, éste detecta estos momentos de subida de tensión interna y me proporciona una chute de dopamina extra que me hace ver todo de color de rosa, bendita evolución.

Me estoy dispersando, volvamos al momento que comentaba, estábamos en uno de los momentos más felices de nuestra vida, eligiendo cómo sería nuestro bebé. Después de haber visto miles de modelos, lo teníamos más o menos claro, como comenté la idea era que fuese niño. Nos habíamos decantado por uno de piel clara, con pelo castaño, ojos de color gris (ahí tuve que discutir un poco con mi mujer pues dada su rareza en la población era un extra que nos subía un poco el precio que teníamos pensado, pero que caray esto se hace una vez en la vida o dos como mucho), así que gané y ojos grises para el niño. Su cara no era fea pero era anodina, preferíamos que tuviera un nivel medio alto de inteligencia. Tras tener el boceto perfilado de lo que queríamos, teníamos que decidir algo importante. Si nuestro niño se basaría en la combinación de nuestros genes, lo que le daría algunos rasgos parecidos a los nuestros aunque mejorados o elegir entre uno estándar de su base de datos, algo creado puramente con ingeniería genética. Siempre nos hemos considerado un poco románticos así que decidimos que se pareciera algo a nosotros. Dimos nuestras muestras genéticas para que lo crearan, nos pareció algo bonito, algo sensible que le daría un toque especial.

Ya estaba encargado, se pagaba la mitad de su precio en ese momento y a la entrega el resto. Teníamos la opción de recibirlo en casa una vez completara los nueves meses y medio de gestación o seguir dejándolo crecer en la granja hasta la edad que nosotros prefiriéramos. Pensamos que con seis años sería el momento ideal para tenerlo entre nosotros, es verdad que no estábamos por la labor de pasar por las inclemencias de sus primeros años, llenos de descontrol a nivel de vejiga, cambio de pañales… Con seis años estaría bien, ya sería un hombrecito autosuficiente pero aún con la dulzura y gracia propia de la infancia que tanto nos había cautivado en los hijos de nuestros amigos.

Como extra por nuestra pronta decisión, el comercial de niños nos invitó a una visita guiada por la fábrica-granja que tenían, estaba situada, y está, en las afueras de la ciudad, en un entorno maravilloso de naturaleza, con jardines muy bien cuidados y con una gran variedad de árboles.

La fábrica es fascinante, la parte central, dedicada a la gestación de los bebés, es enorme. La visión que tienes es la de una sala enorme llena de pequeños estanques translucidos donde flotan en diferentes estados de gestación las fantásticas criaturas. Es enorme, alrededor de los estanque pululan los técnicos de mantenimiento, con sus trajes blancos refulgentes van ajustando los niveles de cada pecera en función del expediente que tiene cada futuro niño. El nuestro estaría allí en breve, que emoción.

Nos había comentado nuestro comercial que en nuestro contrato de compra se incluía la opción de poder conectar mediante webcam con nuestro bebé, sin ningún coste extra, para ir viendo su gestación en cualquier momento que nos apeteciera. Me veía a mi mismo fascinado contemplando a través de mi ojo mental como mi niño iba creciendo.

Pasamos al exterior, como había comentado, podían entregarte el niño a la edad que quisieras, algunos los recogían aún más tarde que nosotros, a los 18, 20… incluso se hablaba de que algunos habían sido entregados a los 60, vete a saber porque. En ese momento no había ninguno de ese tamaño. A los niños se les veía contentos jugando en los jardines exteriores, llamaba la atención que no estuvieran separados por edades y así se lo hicimos ver a la amable guía que nos conducía por esa maravilla de la evolución, su respuesta fue que habían descubierto, no hacía mucho, que al estar juntos niños de distintas edades esto potenciaba su inteligencia pues los pequeños aprendían de los grandes y al revés. Fascinante, en esos momentos te sentías orgulloso de nuestra humanidad e inteligencia que a saber a que cotas maravillosas nos llevaría.

Terminada nuestra visita regresamos a nuestra casa llenos de ilusión y esperanza ante la nueva vida que seguramente se estaba ya gestando.

Volvamos a la llamada que inició esta perorata, el médico encargado de la supervisión de nuestro hijo me llama con cierta angustia en su voz, entre otras cosas, me dice que debo ir inmediatamente a verle a la granja, no me dice nada más. Yo emocionado, pues han pasado ya seis años, se acerca el momento de la entrega. Imagino que será para el pago de la cantidad final y para hablar de cómo hacer la entrega, hora, lugar… Me visto con cierta inquietud, pues sigo notando la tensión que había en la voz del médico. Para ir lo más rápido lo mejor es que coja el aerodeslizador, hace tiempo que no lo usaba, que curioso el día anterior habíamos estado viendo una película antiquísima que nos hizo mucha gracia en la que aparecía algo parecido a nuestro aerodeslizador, lo llamaban patinete, que nombre más gracioso. Fui lo más rápido que pude. Estaba ante la puerta de nuestro médico, nervioso como cuando era un chiquillo ante el primer día de clase. Algo me decía que ese momento iba a ser importante en mi vida y que la cambiaría de un modo sutil o no.

No hizo falta que llamara, el medico me vio por su circuito interno de cámaras. Seguía con ese aire de inquietud que había percibido en su llamada, me hizo sentar y me miró seriamente a los ojos.

Lo que tengo que decirle seguramente no le va a gustar, como entenderá es en relación a su hijo… han surgido problemas no previstos. Nuestro hijo ya tenía todos los papeles en regla, tenía su identificación ya aprobada, A250113212N, no imagino donde puede estar el problema.

Es relativo a su socialización, hemos venido observando que no acepta de buena gana las normas que debe cumplir en aras de una sana y correcta educación, no me gusta mucho utilizar esta palabra pero es un poco rebelde, va por libre… Es verdad que ahora que lo comenta el médico si que noté algo raro en él en la última visita que le hice. Tras la cristalera observaba a mi hijo, estaba apartado de los demás, como ensimismado, ¿que era lo que tenía entre sus manos?, era una margarita, que se ve recién había cortado del jardín. La miraba con gran intensidad. No se cómo lo hizo pero me detectó y nuestras miradas se encontraron, percibí con una intensidad rayana en la locura que en su mirada reflejaba un reconocimiento, no se cómo expresarlo, pero sabía que era su padre cuando nunca antes me había visto. En ese momento me pareció un chasco porque se perdía la ilusión de la sorpresa, ¿qué pensaría al vernos por primera vez?, fue un pensamiento que deseché rápidamente pues no quería amargarme el día y mucho menos contárselo a mi mujer, no quería estar horas discutiendo, quedaría en secreto hasta el día en que nos encontráramos. Lo había negado dentro de mí pero en ese niño había algo más, quizá era especial, no lo sé.

El médico me sigue hablando de sus impertinencias, sus fallos educativos y su nulo avance. Hoy ha llegado un momento de fractura según me indica él, de no retorno, nuestro hijo es inviable, reniega de los conocimientos que se le ofrecen, va por libre, quiere pensar por si solo y eso no se puede admitir y más a su temprana edad.

Reconducirle supone un gasto extra, enorme, que no podemos asumir, gasto que además no garantiza unos buenos resultados. Me mira con pesar y gran profundidad, o eso pienso yo, y me dice su hijo está perdido, es inviable.

Lo tenemos que desechar, hay que hacer algo ya. ¿Qué hacer?, no quiero que lo desechen, le tengo cierto cariño, le he visto crecer, es mi hijo… pero no tenemos tanto dinero como para volverlo a programar. Tengo claro que mi mujer no soportaría un niño rebelde y menos su padres. Además aunque tuviésemos el dinero o pidiéramos un crédito eso no garantizaría nada, podría salir bien pero también mal y eso sería un bucle infinito de gastos para arreglar a nuestro niño.

El médico pasa a mirada comprensiva, ve como me debato internamente. Antes de que viniera he estado pensando mucho en su caso, le tengo cierto aprecio me dice y por eso y viendo su situación le voy a ofrecer una solución que no sea tan drástica como es la desconexión de su chiquillo.

Ya mi mente febril había estado maquinando historias fantásticas en las que yo, de noche, saltándome todas las medidas de seguridad de la granja, liberaría a mi hijo de su prisión, pero no tenía un carácter fuerte y arrojado, nunca lo había tenido. Así que la posibilidad que me pudiera ofrecer el médico bien podría ser mi tabla de salvación emocional.

Su hijo puede ser entregado para la investigación, existe una agencia del gobierno que se encarga de estos casos anómalos y atípicos, pero que se dan más de lo que nos gustaría. Por eso creo que sería una buena solución el que nos lo entregaran en aras de seguir avanzando en este nuestro campo de investigación e ir puliendo defectos que van surgiendo en la generación de bebés. Su hijo es una gran oportunidad de investigación para ver en dónde falla nuestro proceso. Iría a una isla con más especímenes como él, estaría bien tratado y todos los gastos de su manutención correrían a cargo del gobierno, ustedes no tendrían que preocuparse de nada.

¿Pero y todo el gasto que nos ha supuesto hasta ahora?, no tenemos dinero para comprar otro, le espeto yo. Claro, lo hemos tenido en cuenta y si decide entregárnoslo, para premiar su colaboración con nuestro centro de investigación, le ofreceremos por el mismo precio otro niño de seis años cuya familia no pasó a recoger en su momento tal y como estipulaba su contrato, pasados dos años desde entonces somos libres de hacer uso de él según nosotros consideremos. Niños que no eran recogidos, no era algo tan anormal, ya había oído más casos, lo que no sabía era lo que se hacía con ellos, se hablaba de orfanatos de no recogidos. Tenemos el tiempo tan ocupado que había veces que entendías a esos padres, a veces lo haces sin pensar y no ves todo lo que puedes perder con esa decisión fruto de un calentón emocional, nuestro tiempo es muy valioso y hay que pensarlo muy bien, sino pueden darse estos casos. Por eso no me pareció tan rara su oferta y creí ver un trocito de cielo azul que se abría entre mi negra desesperanza.

Si quiere podemos pasar a verlo inmediatamente y si le gusta, ya tengo preparado todo el papeleo necesario para los trámites legales. Nos dirigimos al exterior, a uno de los recintos de recreo. En la sala del fondo podrá ver el espécimen del que le he hablado. Me paro frente al cristal y allí está, efectivamente parece un niño de unos seis años, de rasgos un tanto anodinos como el nuestro, pelo castaño, ojos marrones (vaya mi pequeño capricho no podría ser, en fin que se le va a hacer), mirada de cierta inteligencia y perfectamente adaptado al sistema educativo según me estaba haciendo ver nuestro médico, en este caso era un niño sacado de los archivos estándares, no llevaba mezcla genética de sus padres, según me comentaba esto era lo mejor, estos especímenes nunca habían dado problemas como los de mi hijo.

Al pronunciar la palabra hijo internamente sentía un cierto dolor pues como ya dije cierto cariño le tenía, deseché rápidamente estos malos pensamientos ya que la opción que me ofrecía el médico era la mejor en nuestra situación. Además estaba convencido de que mi mujer en cuanto le explicara la situación lo entendería, sobre todo cuando le dijera que no teníamos que gastar más, y alabaría mi buen y sensato proceder. Nuestras vidas ya estaban llenas, lo de tener un hijo, había sido algo pensado si y que nos hacía ilusión, pero era un complemento más a nuestras vidas así que, qué más daría el color de ojos que tuviera pensé yo.

Dejé todo arreglado y volví a casa con la sensación del deber bien hecho y de haber escapado de un sinfín de noches oscuras sin dormir pensando en mil soluciones al problema. Mi mujer ya estaba allí. Siempre he pensado que ante los problemas lo mejor es contarlo cuanto antes, no dejar que maceren en el tiempo y así hice esa noche.

Efectivamente, mi mujer lo entendió, nos abrazamos llorando por lo que podía haber sido, sus palabras fueron: has hecho lo correcto. Dada la sensación de liberación que teníamos decidimos celebrarlo e hicimos el amor de manera más desenfrenada de lo habitual.

Me entraba sueño, había sido un día muy largo, necesitaba descansar, el sueño me abrazó. Y soñé, soñé con campos lejanos llenos de verdor donde la naturaleza vivía desmadrada, como en una especie de zoom televisivo bajé en picado hacia lo que parecía un pequeño asentamiento humano, eran como… como era la palabra, la había oído en un documental de tiempos antiguos, chozas, si esa era la palabra que mejor definía mi visión. Pero en esa choza en concreto había alguien, de repente toda su cara inundo mi espacio mental, era mi hijo, mi primer hijo, el primero que encargué y deseché, me miraba serio, su mirada me produce una sensación extraña, no es incriminatoria tiene más bien un sesgo de tristeza, no mueve los labios pero en el interior de mi cabeza resuena su cristalina voz (¿cómo sabía que era su voz?, la de veces que me conecté con la web granja para verle crecer, que pena). Un hormigueo se extiende por todo mi cuerpo mientras me habla, no recuerdo bien lo que me dice pero el mensaje queda claro en mi mente aún pasadas varias noches del hecho. Me dice algo así, estas acomodado, no luchas por lo que realmente quieres, yo te importaba más de lo que quieres admitir, dónde ha quedado el espíritu de lucha y sacrificio que nos hizo grandes tiempo atrás, ¿has hecho lo correcto?. Su efigie se difumina como en una densa niebla, noto mi corazón bombear a un ritmo frenético.

Me despierto, todo está en calma, giro mi muñeca y en números rojos se marca la hora, las 5 y 45, mi mujer duerme apaciblemente a mi lado, vuelvo a mirar de nuevo mi muñeca y veo con cierto horror, que está la señal de alarma, tengo los niveles disparados, mi tensión está muy elevada… en ese preciso momento noto la cálida sensación, que tantas veces me ha acompañado, del chute de dopamina, en este caso creo que va a acompañada con algo para dormir porque se me empiezan a cerrar los ojos, el miedo que me ha producido la pesadilla cada vez queda más lejos, se diluye por el coladero de mi conciencia. Toda la angustia va desapareciendo, mi último pensamiento, antes de caer de nuevo en los brazos de Morfeo, pensamiento que parece resistir a los fármacos aunque no por mucho tiempo, es el siguiente, ¿nos leerán el pensamiento?, ¿habrán detectado mi zozobra?, me duermo pensando ¿quién soy yo realmente?

Álvaro Díaz A.

 

 

 

 

 

 

 

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