Escapar de la Tierra

El Mundo por fin se acaba, o eso parece. Tras haber sido anunciado tantas veces parece que el fin llega, nuestra vida en la Tierra como especie dominante llega a su final. Un enorme asteroide está en línea de colisión, se ha intentado desviarlo de todas las formas posibles y hasta el momento no ha sido posible. Sigue su camino marcado de manera imperturbable. Todos los países se han unido, por fin, en un único propósito como es salvar nuestro Planeta, nuestro hogar común, pero los intentos han sido infructuosos, es demasiado grande, tiene el tamaño de un país medio, nuestros misiles son como simples arañazos, muescas nada más, reflejo de nuestra impotencia ante lo que se nos viene, estamos firmando nuestra sentencia final.

Lo sabemos desde hace dos meses, nuestros sistemas de alerta temprana no dieron para más, no lo pudimos detectar antes, aunque ¿hubiese servido de algo?, por lo que hemos ido viendo durante estos aciagos días ni con un par de años hubiéramos sido capaces siquiera de desviarlo suficientemente como para evitar la colisión.

Desde aquel fatal día en que todas las cadenas interrumpieron su emisión habitual para informarnos de la amenaza que se ceñía sobre nuestras cabezas, desde entonces todo ha entrado en estado de shock, no queremos aún creer que lo tantas veces anunciado como posible ahora es una cruda realidad. La mayoría de la población ha entrado en estado de pánico. Al principio se intentó paliar la gravedad del asunto, reduciendo el tamaño del asteroide, hablando de las opciones que había de desviarlo…, al final se ha ido viendo, como la retransmisión en directo de un evento mundial, que todos los intentos de la Humanidad para salvar su hogar han sido estériles.

Hemos ido conociendo toda la información disponible casi al momento, a lo mejor hubiera sido mejor menos información y haber seguido con nuestras anodinas vidas hasta el cercano final en el que ya no quedara tiempo ni para sufrir, ni para pensar mil soluciones, ni para pensar en todo el tiempo perdido…, quién sabe si al final el destino estaba marcado.

Debido a filtraciones y a informaciones de hackers hemos sabido algo que ya presuponían muchos, la mayoría de los gobiernos mundiales tienen planes de evacuación, tienen preparadas naves con las que intentar salvar a una pequeñísima parte de la Humanidad. Se van conociendo los detalles del viaje final, la primera parada será la Luna, pero la idea es saltar a Marte posteriormente.

Lo grave del asunto es que nosotros no podemos ir, no tenemos billete a la salvación, somos demasiados, más de 11.000 millones de almas. Las naves no van a permitir el salvarnos a todos, somos muchos, no hay botes para todos como en el Titanic. La mayoría de los países han decidido a quien salvar entre los suyos y no ha habido mucha discrepancia en su elección, van a salvar a los que ellos consideran las élites del mundo, los cerebros más importantes dentro de cada saber, miles de científicos y técnicos de todas las ramas de la ciencia y tecnología, algunos pensadores, filósofos, pero estos en mucha menor cantidad ya que las denominadas carreras de letras siguen en caída en cuanto a la valoración que se hace de su importancia.

Hasta ahí la mayoría de la gente con la que he hablado está de acuerdo en que si se ha de iniciar de nuevo nuestra civilización en otro planeta, que mejor que empezar con las mejores bases en cuanto a conocimientos prácticos que impidan retornar a la Humanidad a la edad de piedra. Esto lo entendemos, lo que no nos dicen y cada vez parece más claro por las informaciones que se van filtrando, es que en ese grupo selecto de elegidos, destinados a perpetuar nuestra semilla en el espacio, se va a incluir a los poseedores de las grandes fortunas de nuestro mundo, los billetes de huida tienen un precio, si tienes una fortuna para comprarlo te salvas, si no te llega para llegar a fin de mes, a cruzar los dedos para que la muerte sea rápida. Eso ha sido lo que nos ha indignado a la mayoría, lo que nos ha rebelado, podíamos admitir el hecho de que se salvaran también las clases dirigentes, los políticos que han gobernado nuestras vidas pues según ellos mismos argumentaban el nuevo comienzo debería llevar la misma representación democrática que se había elegido aquí, en cierto modo parece justo y democrático, al fin y al cabo era lo que habíamos elegido, lo que habíamos votado, curiosamente en esta cuestión esta clase se puso de acuerdo en seguida, dejaron de lado sus interminables luchas por el poder, no hubo ninguna discrepancia, se debían salvar todos ellos por el bien de la nueva Humanidad, para perpetuar nuestra democracia allende los planetas. Lo que no podíamos consentir ni soportar era la salvación por motivos económicos. Poco se podía hacer, salvo rabiar, maldecir nuestra escasa fortuna. Los gobiernos estaban a lo suyo, ya se habían repartido hacía tiempo la Luna y Marte, lo tenían todo decidido.

Mucha gente se lo toma con resignación, es lo que toca. Proliferan las sectas del fin del mundo, prometen vuelos de última hora en naves alienígenas que vendrán justo en el momento exacto para salvar a los suyos, claro, los que tengan apuntados en sus listas, ni uno más, en fin son todos iguales, si no perteneces al bando ganador estas fastidiado. Aún no hemos tenido ningún contacto con civilizaciones extraterrestres, me molesta que se aprovechen de la situación, de la gente que no tiene otra opción, esto no quiere decir que yo no crea que exista más vida en el Universo, al contrario, con lo enorme que es ya sólo nuestra galaxia, la Vía Láctea, es de mucha soberbia pensar que estamos solos, por lo menos hay que ser un poco consecuentes, no hemos mirado ni en un milésima parte de nuestro barrio cósmico como para pensar que todo está vacío, creo que puede existir vida más allá pero por a o por b no se han puesto en contacto, siempre he pensado que una civilización más avanzada que la nuestra al ver nuestra violenta civilización saldría escopetada a buscar mundos más amables, es lo que yo haría.

En cuanto la población fue consciente del peligro real, el mundo colapsó, la gente se negaba a ir a trabajar, para que sirve ya se decían. La estructura frágil de nuestro mundo civilizado fue desmoronándose, los que siempre la habían liado ahora la liaban más, incluso gente que no parecía capaz de hacer salvajadas las hacía, se multiplicaron exponencialmente los asaltos a tiendas, los asesinatos, los disturbios por doquier, incendios…, cada vez era más difícil controlar la situación.

Cuanto más se acerca la hora final más se intensifica la sensación de caos, la economía mundial está paralizada, ya nadie va a trabajar, ya casi nadie sale de sus casas por miedo a morir antes de tiempo. Muchos se han atrincherado en sus hogares, con las despensas llenas para resistir, ¿cuánto tiempo?. El final no será inmediato para muchos, sólo morirán instantáneamente los que se encuentran en la zona de impacto. Nosotros por suerte, no nos encontramos en esa zona, nuestra muerte será más lenta, nos matará el invierno atroz y la oscuridad que vendrá después del impacto y que se irá expandiendo por toda nuestra Tierra.

Estoy sentado en el salón de casa, canal que pongas en la tele viene con la terrible cuenta atrás, he encendido la tele con desgana, estoy agotado, lleno de sudor y desánimo, en el canal que surge, una película intranscendente, pero palpitando con rabia en rojo se encuentra el dichoso recuerdo de nuestra hora final, quedan exactamente 23 horas 34 minutos y 12 segundos para el impacto. No estoy solo, está también mi familia y mis amigos más íntimos, estamos todos juntos en esta última hora. Sus caras reflejan la desesperanza, el abatimiento, la impotencia, la rabia. A algunos se les escapan las lágrimas, marcando surcos en sus caras agotadas, cuando miran a sus hijos, esa última generación a la que el destino o quien sabe si nuestra incapacidad ha cercenado su futuro.

Nuestra desolación es total, teníamos una última oportunidad de salvación y ésta se acaba de esfumar.

Nosotros no queríamos morir tan pronto, desde que supimos la sentencia final, buscamos alternativas para intentar huir, todas imposibles, no nos daba para el billete, los pasajes son carísimos, y por lo que se ve no hemos sido seleccionados por nuestras capacidades científicas ni por nada que nos haga útiles en el nuevo comienzo, se ve que no tenemos nada que aportar al nuevo futuro de la Humanidad. Conocemos gente que si, recibían una carta en la que se les comunicaba su buena suerte, habían sido seleccionados, saltaban de alegría, se salvarían, nosotros sabíamos quienes eran los afortunados, entiendo que nos rehuyeran, ¿qué podían decirnos?, tenían miedo…

No nos hemos resignado, hace cuatro días recibimos un soplo de esperanza, un amigo había conseguido acceder a una base de datos que contenía la ubicación de las naves de evacuación. Estamos de suerte, una de ellas, se encuentra relativamente cerca de nuestra ciudad, se sitúa por lo que podemos ver en el plano que nos ha traído nuestro amigo en una zona bastante recóndita y boscosa, en medio se abre un claro y ahí se asientan los pájaros de la esperanza. Con el dedo tembloroso nos lo señala en el mapa impreso, para evitar ser descubierto decidió imprimirlo y traérnoslo en mano, no se atrevía a enviar el archivo por correo electrónico por si lo detectaban, nunca había habido mucha seguridad en ese medio y menos ahora.

Como es lógico la ubicación de las zonas en las que se encuentran las naves es de máximo secreto así como el plan de transporte de las personas seleccionadas para ir en ellas. Lo entiendo, sólo pensar el follón que se armaría si todos supiéramos desde dónde van a escapar, seguramente, en muchos casos haría inviable la salida hacia la Luna. Todo se ha ido al traste, en un suspiro toda nuestra civilización destruida por el miedo antes que por el impacto, el meteorito y sus consecuencias se encargarán de destruir lo que no hayamos destruido ya.

Es curioso que hasta ahora no se hayan descubierto estos lugares de salvación, parece que el mundo es más grande de lo que creíamos, son todas zonas de bastante difícil acceso y parecen muy bien camufladas. No se si habrá más casos como el nuestro, que hayan conseguido descubrir su secreto, imagino que si es así lo habrán silenciado, sería demasiada esperanza entre tanta desesperanza.

El plan es claro, llegar allí y ver como poder entrar todos. Corrimos a decírselo a nuestros familiares y amigos. Esa misma noche nos reunimos todos en mi casa. Muchos se animaron al oír sobre esta última posibilidad, otros fruto ya de la desesperación se enfadaron ante la imposibilidad de acceder a esa nave. La mayoría se quedó en silencio, era demasiado bonito. Efectivamente la misión era prácticamente imposible: falsificar credenciales, llegar hasta la nave, con las medidas de seguridad que habría, y no solo eso sino que también había que colarse dentro, ya fuese mediante billetes falsos o de la forma que fuera. Era nuestra última esperanza. Una vez dentro y rumbo a la Luna ya nos daba igual que nos descubrieran, porque que podrían hacer, ¿tirarnos por la borda por polizones?.

Quedaban pocos días, había que intentarlo. Preparamos las provisiones que creímos necesarias para el viaje, llenamos los coches de combustible. Estudiamos los mapas de la zona, y elegimos el camino menos complicado, nos daba miedo el hecho de que por ser el de más fácil acceso tuviera la mayor vigilancia, pero no teníamos otro remedio, íbamos a ir con niños pequeños, ese era el camino, no había otro.

La noche antes de la evacuación, nos preparamos, montamos en los coches y no sin miedo pero con esperanza nos dirigimos hacia nuestro destino. Tardamos casi una hora en llegar a las proximidades. Nuestro amigo había conseguido falsificar unos billetes y por eso nuestra esperanza era mayor. Ahora, que funcionasen. Cada vez estamos más cerca, nos extraña no habernos encontrado con ningún control hasta ahora, según nuestros cálculos estamos a menos de tres kilómetros. Un chillido nos alarma, es mi madre, que con la mirada fija en la carretera señala al fondo unas luces. Se me encoge el estómago, estamos tan cerca de la salvación que no conseguirlo sería demoledor. Me tiemblan los pies en los pedales, no debo caer en pánico puesto que todo se iría al traste. Mantengo la calma, una seguridad fría me invade, es mucho lo que nos jugamos. Cada vez están más cerca las luces, es un control militar con barrera. Hay dos vehículos del ejército a cada lado de la barrera. Parece que un oficial nos ha detectado, reduzco la marcha. Nos manda parar, por la zona hay más militares con sus metralletas bien a la vista, se me erizan los pelos, es ahora o nunca. Bajo la ventanilla, el oficial me saluda, me pide nuestras identificaciones y pasajes. Se los doy. Los lleva a una especie de mesa de campaña, donde los va comprobando. Me sudan las manos. Un minuto, dos minutos, todo esta en silencio, sólo percibo nuestra respiración agitada. Parece que el tiempo se ha detenido. Tengo la mente en blanco, no se que haría si nos detienen allí mismo, tan cerca. Por fin se aproxima, me sonríe y me indica que está todo correcto, que tengamos buen viaje. Suspiro interiormente, recojo los pasajes. Arranco el motor, el pie me sigue temblando, no puedo dar tirones, no puedo parecer nervioso. El coche se empieza a deslizar y avanzamos sin contratiempos, me sigue la caravana de la esperanza.

La carretera se empina, vamos accediendo a una especie de claro entre la maleza y allí está nuestra nave, casi se me sale el corazón por la boca, si hemos pasado el control como no vamos a poder acceder, me gustaría besarle la calva a mi amigo informático por su gran trabajo pero va en otro coche. Hay algo que no me termina de cuadrar, y no es el silencio de la noche, en mi interior palpita una especie de alarma, algo no va bien, no se que es, pero tengo un presentimiento. Todo ha sido muy fácil, además ¿no tendría que estar abarrotado de coches esto?. Pocas medidas de seguridad. Intento no pensar en estos malos augurios.

Hay una zona habilitada para aparcamiento, está vacía. Aparcamos. Salimos de los coches con una sonrisa en nuestra bocas, nos abrazamos, estamos tan cerca. No quiero romper esta euforia con mis oscuros pensamientos. Y ahora, ¿qué dice mi hija?, se pregunta dónde están los demás pasajeros. No se, esperábamos un comité de bienvenida o algo. La nave se encuentra a unos 500 metros del aparcamiento, está toda iluminada con grandes focos.

Bueno, digo yo a lo mejor hemos llegado demasiado pronto, pero no creo que pase nada, imagino que nos dejaran embarcar. Id sacando las maletas que voy a ir a preguntar. Me pesan los pies, la sensación de inquietud que me viene embargando desde que pasamos el control es cada vez mayor. Sigue todo en silencio, no se ve gente. La nave es grande, cada vez distingo más detalles. No se ven luces dentro. La luminosidad que generan los cuatro focos que la rodean no me permite distinguir mucho más. Ya estoy casi sobre ella. Tiene que haber una zona de acceso, voy girando a su alrededor, si hubiera alguien dentro me tiene que haber visto, ¿por qué no hay nadie?. La rodeo por completo y no veo ni escalerilla ni ninguna zona de acceso. Grito, nadie contesta. Me aproximo más a la nave, a una especie de pata sobre la que se asienta la nave y intento subir por ella, no puede ser, mis manos tocan su superficie y es de… cartón… por eso el silencio, la ausencia de gente… es una puñetera maqueta de una nave. Ahora entiendo lo que sentía, nos han engañado, han sido más listos que nosotros y previendo que habría gente que buscaría la localización de las naves, nos la han dado pero era una mentira, una añagaza. Es una nave falsa, un falso señuelo. Hemos caído.

Regreso hacia el parking, que terrible noticia llevo conmigo, ya han descargado todo el equipaje, que felices corren nuestros hijos ajenos al negro destino que se cierne sobre ellos. Ven mi cara, muchos lo entienden sin preguntar. Otros me zarandean preguntándome que pasa, tengo la garganta seca, no me brotan las palabras, solamente lloro por lo injusto de nuestra situación.

Conducimos sin ánimo, de regreso a nuestros hogares, hacia nuestras tumbas. Los militares del control se sorprende al vernos volver, también han sido engañados, han sido parte de este macabro juego.

Estamos en el salón, en la tele marca que quedan 23 horas 34 minutos y 12 segundos para el impacto. Me asomo a la ventana, ya las primeras naves empiezan a partir. En un canal están retransmitiendo la salida de estas naves, debemos sentirnos orgullosos porque ahí va el futuro de la Humanidad, ni los elementos nos destruirán. Me desplomo sobre el sillón, no tengo ganas ni de llorar, mis ojos están secos, me adormezco en un sueño turbulento.

Una ligera sacudida me despierta, la televisión sigue encendida, el marcador en rojo está a cero, mi primera impresión al verlo es pensar ¿tanto he dormido?, casi un día entero, se ve que las últimas jornadas me agotaron, voy saliendo del dulzor del sueño y con temor la verdad se va abriendo en mi somnoliento cerebro, el meteorito ya ha caído. Salgo a la calle, todo parece en calma, pero hay más quietud que de costumbre, silencio. Miro mi reloj son las 8.05 a.m debería haber salido ya el sol.

No está lejos la muerte, no será inmediata, la noche se cierne, el invierno se aproxima, frío, terror ¿cuánto duraremos?

Álvaro Díaz A.

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